12 enero, 2007

Si no sales en televisión no existes

Bueno, bueno, bueno, cuánto tiempo sin escribir cosas sin fundamento por aquí. La actualidad política me ha hecho retomar esta retahíla de necedades que suelo plasmar aquí. Vivimos tiempos de accidentes/atentados, de comunicados, de entierros que parecen propios de militares de la más alta graduación, de pancartas, de lemas y de bajadas literales de pantalones por parte de quienes convocan manifestaciones para lograr el máximo consenso posible. Son tiempos difíciles en los que, para algunos, gobernar es pactar, pero pactar es ceder, y para otros todo lo contrario. Y para colmo los medios de comunicación y todos los periodistas que trabajan en ellos tan sólo se nutren de los dimes y diretes de unos políticos y otros. Son meros altavoces totalmente partidistas y nada objetivos de los grandes líderes políticos de hoy. Me pregunto si antes también ocurría lo mismo. ¿Antes los medios eran tan pesados con el mismo asunto todos los días? ¿Hacían "debates" como los de ahora en los que cuatro periodistas de poca monta criticaban las declaraciones del líder de la oposición al gobierno y viceversa? Porque he de decir que resulta especialmente aburrido, cansado, pesado, soporífero y tedioso. Ahora lo que importa ya no es informar, ahora lo que importa es opinar. Todo el mundo tiene algo que opinar sobre el presidente del gobierno y como sale por la tele se cree que es importante y lo peor, la gente cree que son opiniones-dogma que hay que atender con respeto y admiración. La caja tonta encandila a todos. A mí logró encandilarme por unos segundos e incluso me reí un rato escuchando la cantidad de barbaridades que decía un hombre que tal vez era presidente de la comunidad de vecinos en la que habita, pero de nada más. El tipo este parece ser que escuchó que alguien pdidió la dimisión de Zapatero por lo ocurrido estas últimas semanas y pensó: "Oye, pues sí, yo también lo voy a decir esta noche en el debate este tan poco relevante, típico de una televisión autonómica, al que asisto". Y lo hizo, lo hizo con cara de: pues claro que llevo razón, y quien no lo crea es que es un ignorante. Está bien que todo el mundo pueda decir lo que quiera (vaya si es así que incluso yo puedo escribir lo que me apetezca aquí), pero que nos lo pongan en televisión y a todas horas, es poco sutil. No quisiera que se me malinterpretara, estoy totalmente a favor de la libertad de expresión por todos los medios posibles, pero también se agradece de vez en cuando un poco de televisión constructiva. Después de muchos años intentando negar lo evidente, esto es, negar que la televisión y lo que se emite en ella no influye en la gente, por fin nos hemos dado cuenta de que no es así. La televisión influye, todo el mundo tiene una y en la mayoría de casas hay hasta más de una. La gente ve la televisión en casa, es el entretenimiento más recurrido, quienes salen en ella se convierten en "alguien", si no apareces, no existes y todo lo que se diga en ella es importante. Pues bien, tengo noticias frescas amigos: hay vida más allá de la televisión.

28 noviembre, 2006

Se acercan las elecciones

Han pasado más de cuatro meses desde que tuvo lugar el accidente de metro en Valencia, entre la estación de Plaza de España y Jesús. Sin embargo, desde hace días observo en el metro de la acidentada y deteriorada línea 1, que al final de cada vagón viajan con el resto de usuarios los denominados "acompañantes". Ataviados con chalecos reflectantes de color amarillo (cómo saben...en caso de accidente serán los primeros en ser vistos y por eso llevan esos chalecos), cual conductor a la deriva en cualquier autopista española, con una carpeta y un bolígrafo, su misión consiste en informar a viajeros como tú y como yo ante cualquier incidente o duda. Pero lo gracioso de todo esto no son las conclusiones de la comisión de investigación sobre el accidente del metro, lo gracioso no es que un gobierno cree una comisión de investigación para intentar esclarecer los hechos de un accidente y como dicho gobierno posee mayoría absoluta las conclusiones de la investigaciópn sean las que éste quiere que sean. No, lo gracioso de esto es que Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana (FGV) ha puesto a "acompañantes en los trenes" sólo en la línea 1, porque claro, como las conlusiones de la investigación hemos dicho que son un accidente de metro a causa de un fallo humano, imprevisible e inevitable porque no se trata de unas instalaciones en mal estado, sino de (repetimos) un fallo humano, pues claro, esto no puede darse en ninguna otra línea, como por ejemplo la renovada y actual línea 5 del metro de valencia. No, en la línea 5 un fallo humano sería menos posible, seguramente gracias a que las instalaciones de la misma funcionan de manera mucho más informatizada y adaptada a los nuevos tiempos, donde el margen de error es mucho más reducido y la antigüedad de los vagones no asciende a 17 años, como sí ocurre con el convoy siniestrado.

17 noviembre, 2006

Hablábamos el otro día sobre las informaciones que se ponen de moda en los medios de comunicación. Se me ocurre por ejemplo la violencia de género, las agresiones entre profesores y alumnos en las aulas de los colegios españoles, el secuestro de periodistas en Oriente Próximo o los casos de corrupción que se multiplican por toda España. Ahora que la operación Malaya está alcanzando la gloria y media Marbella está obligada a declarar ante la justicia, las informaciones sobre corrupción en numerosos municipios españoles no cesa, lo cual está muy bien (no que exista dicha corrupción, sino que se descubra y denuncia, entiéndase). Sólo espero que no se convierta en un tema pasajero y que se investiguen a fondo todos y cada uno de los casos sospechosos y en los que puedan ser posibles acciones corruptas.
Pero para muestra, un botón. Aquí tenéis el informe que Greenpeace ha publicado un año más en el que se analiza la situación del litoral español: "Destrucción a toda costa". El documento repasa las principales amenazas, destacando la saturación urbanística, el aumento del número de campos de golf, los numerosos casos de corrupción asociados al urbanismo, el incremento de nuevos puertos deportivos y los graves problemas de contaminación debido a la escasa depuración de las aguas residuales.

14 noviembre, 2006

Programación y política

Es curioso averiguar cómo a medida que recibimos más noticias sobre reporteros de guerra secuestrados o asesinados en el campo de batalla nos causa menos impresión. Se supone que debería suceder todo lo contrario, pero no es así. Cada vez estamos más habituados a este tipo de noticias y ya casi ni prestamos atención. Para contrarrestar los efectos que la televisión ejerce sobre nosotros, Reporteros sin Fronteras denuncia las violaciones de la libertad de prensa en el mundo, informando a los medios de comunicación y a la opinión pública mediante comunicados de prensa y campañas de sensibilización. Sin ir más lejos, el pasado 7 de octubre inauguraron el "Memorial de Reporteros" en Bayeux, al noroeste de Francia.
Todo en este vida es política, incluso (perdón, quise decir por supuesto), por supuesto la programación televisiva también lo es. Podríamos poner algunos ejemplos del pasado, como lo que hizo TVE cuando el 11 de marzo de 2004 AlQaeda asesinó en Madrid a 192 personas, podríamos recordar aquí el gran momento en que desde el ente público se decide programar
la noche del viernes 12 de marzo, 'Asesinato en febrero', sobre el atentado contra Fernando Buesa, podríamos recordarlo, pero no lo vamos a hacer. No.
Sin embargo sí quisiera recordar la película que TVE emitió el pasado sábado 11 de noviembre por la noche, ahora que están tan de moda los secuestros de preiodistas y que cada vez nos impresionan menos: "Las flores de Harrison". Se trata de la adaptación de Elie Chouraqui sobre la novela de la francesa Isabel Ellsen. De los 126 minutos que contiene la película, el director frances mantiene al espectador totalmente inmóvil y atento durante sesenta y cinco minutos seguidos: introduce al espectador en los primeros meses del conflicto bélico de la antigua Yugoslavia, en 1991, especialmente en el asedio a Bukovar. No sé si será la película que mejor refleje la guerra que se vivió a principios de los años noventa no tan lejos de nosotros, pero ilustra con una forma y un ritmo brillante un conflicto bélico. El director no escatimó en detalles a la hora de reflejar lo que es una guerra, lo que fue aquella guerra. Ello le valió una merecidísima Concha a la Mejor Fotografía en el Festival de San Sebastián de 2000. No se detiene en distinguir quiénes fueron los buenos y quiénes los malos. Simplemente se diferencian dos bandos: los soldados, por un lado, y los civiles por el otro.
Desde la propia película se defiende la necesidad de contar todo lo que ocurre en una guerra: "Haga sus fotos, tienen que saberlo, tienen que saberlo", es lo que le dice un civil herido a uno de los fotógrafos. Otro día hablaremos sobre cómo y para qué los reporteros fotografian imágenes realmente escalofriantes sobre amputaciones, disparos o violaciones. La idea está bien clara, hay que contar lo que sucede, comunicar al mundo que aquello no fue una guerra, fue un exterminio. Pero hay que plantearse hasta qué punto son necesarias ese tipo de fotos excesivamente gráficas a la hora de ilustrar el efecto que provoca un disparo en la cabeza de un hombre. La idea está bien clara, pero hay una franja casi invisible que cada vez separa menos la metodología correcta y la incorrecta cuando hay que contar un suceso de estas características.